¿Son los Macri agentes del comunismo chino?/Facundo Piai

Sin lugar a dudas que la política internacional de la Argentina y su estrategia con el mundo es compleja. Si tuviésemos que definirla en una palabra, creo que “inestable” sería el adjetivo más preciso para catalogarla. Indefectiblemente, la falta de una hegemonía política dificulta la existencia de políticas de Estado. El plano internacional no está exento de la falta de consensos, un fenómeno que caracteriza a la Argentina pendular. Esta particularidad imposibilita la existencia de acuerdos bilaterales a largo plazo. En consecuencia, los acuerdos internacionales están supeditados a la coyuntura y a lo inmediato.

16683053_1113670078756339_1843468605_nQuien, a contra mano de las vicisitudes de la Argentina, ha logrado establecer una perdurable relación económica con otro país es Franco Macri. Y el país en cuestión es ni más ni menos que la República Popular China, una economía pujante que no para de dar pasos firmes en su marcha por consolidarse como primer potencia económica mundial del siglo XXI, en un contexto signado por la multipolaridad. Quien cimentó la fortuna familiar mantiene relaciones con los chinos por lo menos desde la década del ochenta. El primer encuentro documentado entre Franco y el gran país asiático se remonta a 1988, cuando la máxima autoridad del Partido Comunista Chino, Yang Shangkun, lo visitó en la quinta Los Abrojos, luego de reunirse con Raúl Alfonsín. El presidente chino le ofreció a Macri ocuparse de algunas gestiones comerciales en la región. Oficiar de nexo entre las empresas (que pertenecen al Estado chino) y América Latina. Ese año firmó el primer contrato con Citic Group (China International Trust and Investment Corporation) para la fabricación de piezas para excavación de petróleo.

“Consejero Senior de la República China”

Hoy, a casi 30 años de aquel encuentro, Franco se presenta en su cuenta oficial de twitter como “empresario argentino. Consejero senior de la República China para Inversiones en Latinoamérica”. Este rol le permitió ser una pieza clave en las relaciones que el kirchnerismo mantuvo con China, como ocurrió con el contrato que el gobierno anterior firmó con Citic para la compra de 279 vagones de subte que, en su momento, Elisa Carrió denunció por sobreprecios. El título de “Consejero Senior” también le permitió acrecentar los negocios privados de su compañía.

En el libro “Charla con mis nietos” –una suerte de memorias literarias- Franco cuenta su relación con China. Con inversiones chinas se podría “ampliar el mercado externo, continuar con el ritmo de crecimiento económico sostenible que se ha ido logrando desde 2003 y se podrían encarar soluciones de fondo a problemas que llevan muchas décadas”, comenta en el libro publicado en el 2014. También rememora cuando en el año 2000 fundó en la ciudad de Beijing Macri Group. Años más tarde formó la empresa Shima junto con la local Sanhe Hopefull Grain and Oil. Motivo por el cual durante mucho tiempo residió en los dos países. Su camaradería con los altos funcionarios de la República Popular es tan estrecha que recibió la distinción de ciudadano ilustre de Xi’an, además de ser miembro de la Asociación China para la Amistad con Países Extranjeros.

De China para el mundo

franco_macri_con_chinos__3_cEl complejo automotriz de la República Popular llama la atención por su crecimiento excepcional en un corto plazo. La sección de industria automotriz del portal El Financiero dice al respecto que “en el año 1986 este mercado vendía 13 mil automóviles, 10 años después, en 1996, alcanzó 368 mil unidades, es decir en solo 10 años creció 28 veces. Para el año 2006 rebasaba ya los 4.1 millones de vehículos y el cierre espectacular del año 2016 superó los 22.8 millones de autos vendidos”. Algo nunca antes visto en la historia del capitalismo mundial. La dirigencia china sabe cuál es su ventaja competitiva y genera un modelo de desarrollo en función de ello; la mayor población mundial. Pero no solo es eso. Más de un billón de habitantes, movilidad social ascendente y poder de consumo de la población, dan forma a un capitalismo de Estado sustentable cuya dirección política (el PCC) diseña estrategias a largo plazo en función del interés nacional, estas son algunas de las variables que explican la potencia de China. La fortaleza de su mercado le permite imponer condiciones a las multinacionales. De este modo, las automotrices interesadas en el país más poblado del mundo, deben producir desde territorio chino, transfiriendo tecnología y know how, en asociación con firmas locales (joint venture), con participación del Estado de modo directo o indirecto.

La semana pasada se conoció que China borrará topes de propiedad para automotrices extranjeras. Sin embargo, esta política no generará mayores cambios en el mercado, puesto que las compañías de capitales nacionales absorben la técnica empleada por firmas occidentales que llevan más de un siglo produciendo autos. En ese sentido, la firma asiática Geely compró la totalidad de las acciones de Volvo, London Taxi Company y es la mayor accionista de Mercedes-Benz. Esta apertura comercial se realiza una vez que las empresas locales tienen la solvencia suficiente como para no ser desplazadas del mercado por capitales extranjeros y, por el contrario, pueden competir de igual a igual con las marcas más tradicionales.

Aumenta la presencia de autos chinos en Argentina

La estrategia de comercialización de la industria automotriz de los creadores de la pólvora es muy ambiciosa. En los próximos años aumentarán la presencia en Latinoamérica de autos producidos en territorio chino. Socma tendrá los avales para vender autos utilitarios y sedan de las marcas Cherry, DFSK y JAC. Mientras que otro empresario fuerte del sector, Miguel Antelo, trabajará con modelos de las firmas chinas Great Wall, Haval y Changan. Chery espera vender este año 8 mil autos. En caso de lograrlo, se fortalecerá el complejo automotriz chino y, en contrapartida, se profundizará el déficit de la balanza comercial de la Argentina. Se espera que este año cierre con 14 marcas de autos chinos en el mercado local.

Sidequip, la nueva empresa de la familia Macri firmó dos convenios con multinacionales chinas junto con la santafesina Apache SA para la fabricación de maquinaria agrícola en el propio país asiático. Apache se asoció con la firma china Shandong Changlin, que desde su planta al norte de China fabrica desde motores hasta tractores y maquinaria de movimiento de suelos, pero no sembradoras. Ahora, éstas, marca Apache, ya están a punto de ser comercializadas en el gigante de Asia, que buscó la sociedad para fabricar las máquinas en su país con mano de obra china y adquiriendo el know how. Así, los asiáticos pretenden satisfacer desde su país la demanda de maquinarias que motoriza el aumento de la frontera agropecuaria de China y otras grandes superficies aledañas.

De este modo, el Grupo Macri permite el ingreso al país de empresas fundadas originariamente por líderes de la revolución China, como es el caso de DFSK, que fue creada por Mao Tse-Tung en 1968. Esto no quiere decir, de ninguna manera, que frente a la chimenea de su hogar de la quinta Los Abrojos, Franco entone a grito pelado: “arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan y gritemos todos unidos: ¡Viva la Internacional!”. Sin embargo, no deja de ser cierto que los chinos tienen la capacidad para operar en empresarios antinacionales, transformándolos en pivotes de su estrategia de acumulación y desarrollo, en su camino al socialismo, tal cual consignan algunos analistas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *