Rita Segato y un feminismo lejos del pueblo

La polémica desatada por los comentarios desafortunados de Rita Segato ante el problema actual de Bolivia nos impulsan a responder y cuestionar las acciones de algunos sectores del feminismo que creemos van en contra de la emancipación de las mujeres de nuestros pueblos.

La postura que adopta la reconocida antropóloga y activista por los derechos de las mujeres, que además tiene el peso específico de ser una importante referente dentro del movimiento en Latinoamérica, no responde solo a un análisis personal de la intelectual en cuestión. Sus declaraciones van en línea con sectores del feminismo boliviano que se expresan con los mismos argumentos.

En este sentido podemos mencionar al grupo de Mujeres Creando , dirigido por María Galindo, que se reivindica anarco-feminista o también la reconocida socióloga Silvia Rivera Cusicanqui, como figuras más relevantes. Rita Segato se acopla así, a la retórica de dichos colectivos, que proponen una construcción política feminista por fuera de todas las organizaciones del Estado. Se referencian como fuertemente críticas al Gobierno de Evo Morales en estos años. Acusan y denuncian principalmente sus declaraciones y actitudes machistas, su “falso indigenismo” y sus políticas extractivistas y dañinas para el medio ambiente y las comunidades ancestrales.

Estos grupos predican la opción de una “salida feminista”: romper con todas las formas de colonización patriarcal que se adueñan del Estado y continúan subyugando al pueblo. En este análisis, el MAS es también parte del sistema patriarcal opresor y no representaba una verdadera alternativa emancipadora para el pueblo plurinacional de Bolivia. Caen así, en el rechazo a “binarismos”. Evo es derribado por su propio peso, por su vacío de poder y ese lugar es ocupado por la derecha fundamentalista. Pero Evo, tampoco fue una opción liberadora. El famoso “son lo mismo” edulcorado.

Claro está, que no todos los colectivos de mujeres bolivianas (ni latinoamericanas) adhieren a estos reduccionismos peligrosos. Hay en Bolivia muchas corrientes como el feminismo comunitario liderado por Julieta Paredes (escindida hace varios años de Mujeres Creando por diferentes posiciones ante el Gobierno del MAS). La voz potente de Adriana Guzmán, también de la misma corriente, que se han expresado
condenando el Golpe de Estado y llamando a la reflexión sobre las implicancias que tuvo el Gobierno de Evo en la vida de las mujeres de su pueblo. Si bien no dejan de criticar algunos rasgos que consideran erróneos, como continuar con el extractivismo, no haber profundizado sobre la oligarquía Santacruceña y no haber cambiado la matriz capitalista del sistema, sus posturas políticas acompañaron al gobierno y son muy claras en la necesidad de luchar junto al pueblo (sus hermanos) en contra de las fuerzas golpistas y antinacionales que usurparon el poder.

Pero la falsa prédica que propone salirnos de un pensamiento binario, buscando una crítica superadora de los errores dentro de los 13 años del Gobierno de Evo, cae por su propio peso cuando deja fuera del análisis el problema central en los países semicoloniales: el imperialismo y las oligarquías locales, que funcionan como correa de transmisión de sus intereses. Esa es la contradicción principal y la cadena que hay que cortar. No es que en nuestros países no exista lucha de clases, ni opresiones de género, ni racismo. Solo que estas contradicciones están supeditadas a la contradicción principal, sin la cual será imposible resolver las demás.

¿Cómo es posible tamaña incomprensión del problema? cuando la inmensa mayoría del pueblo boliviano se encuentra librando una batalla crucial contra el imperialismo; contra los sectores que antaño eran amos y señores de las minas, dueños del petróleo, y expoliaron a Bolivia a los largo de 200 años de historia ignorando su rica tradición y cultura y hambreando a las grandes masas indígenas y mestizas.

En Bolivia, el 2% de la población controlaba los recursos estratégicos, llevando fuera del territorio las ganancias. El pueblo indio y mestizo, luego de ser derrotado en la Asamblea Constituyente de 1825 que fundó la República oligárquica, queda confinado a la proscripción. La batalla del pueblo silenciado, empeñado en expulsar a los oligarcas que se apropiaron de la guerra de la independencia, fue alimentada por Santa Cruz y Belzu en el Siglo XIX, y por Villarroel y los revolucionarios del 52, en el Siglo XX. Con la revolución de 1952 y la toma del poder por MNR, Bolivia se aproxima a la construcción de un país soberano. El Gobierno de Paz Estenssoro, surgido de una revolución popular aguerrida que logró disolver al ejército cipayo de aquel entonces, nacionaliza la minería y lleva adelante una reforma agraria. Por distintas razones, que no viene al caso analizar ahora, aquel intento queda trunco.

Hasta llegar a Evo Morales, cuando el 98 % de excluidos en 1825 se tornó mayoría en las elecciones presidenciales de 2005. Es así como el país remonta vuelo y se convierte en un territorio que, reconociendo su plurinacionalidad originaria, comienza a nuclear y centralizar las fuerzas que permiten el desarrollo nacional en su conjunto. La nacionalización de un recurso estratégico es el punto más alto del enfrentamiento de un país atrasado con el poder mundial. Evo devuelve al Estado el control de los hidrocarburos en 2006.

Con esta medida revolucionaria, invierte los porcentajes de participación de dicha renta, otorgándole al Estado el 80% de la misma y el resto a privados. Es este el excedente que pudo volcar hacia el pueblo. Construir viviendas, hospitales, autopistas comunicando poblaciones aisladas. Pudo llevar agua a todo el territorio, a la impúdica cantidad de habitantes que carecían de agua potable, de electricidad, de sistemas de comunicación. Pudo sacar del analfabetismo y de la pobreza extrema a grandes porciones de la población y convertir a Bolivia en un ejemplo de crecimiento sostenido y de mejora de todos los indicadores sociales. El paulatino control estatal de la minería, la creciente industrialización y los programas en marcha para convertir los recursos naturales como el litio en valor agregado y tecnología exportables, convierten al Gobierno de Evo en el mejor de la historia del país que tuvo que fundar Simón Bolívar cuando las intrigas de las miserables burguesías importadoras locales le impidieron llevar adelante su proyecto de Nación americana.

Muchos ven una contradicción entre el declarado anticapitalismo de Evo Morales, y el capitalismo que trató de desarrollar dentro de su país. Es una contradicción falsa. Sólo si los países atrasados consiguen industrializarse y estructurarse en bloques regionales, podrán posicionarse en el mundo y convertirlo en multipolar. Un mundo en el que las potencias dejen de controlar las finanzas internacionales y los recursos naturales estratégicos del planeta. Es posible que Evo sea el mandatario que más impulsó en nuestra región un capitalismo autocentrado. Esta es la única vía exitosa que han encontrado los países sometidos para retener su excedente económico y salir de la dependencia. En consecuencia, hacer capitalismo en las periferias es hacer anticapitalismo a nivel global. El socialismo basado en el comunitarismo andino y en la filosofía del buen vivir, sin transcurrir por la senda del desarrollo de un capitalismo autónomo, carece de viabilidad.

Por lo que se entiende de las expresiones vertidas por los colectivos en cuestión, la opción sería derribar el sistema patriarcal desde la decolonización y recuperación de las identidades ancestrales. Volviendo a los valores culturales de los pueblos precolombinos y a su antigua relación con el medioambiente. En fin, una propuesta que pretende que un río fluya en sentido inverso a la pendiente se convierte en una abstracción.

Este ecologismo radical nuevamente colisiona con el fondo del problema. Nadie puede oponerse al intento de detener el deterioro ambiental que amenaza la vida humana sobre el planeta. Sin embargo, son los países del poder mundial y las trasnacionales, las verdaderas amenazas a la integridad del planeta. Estos, sólo pueden ser interpelados si tienen como interlocutores a países autónomos y a bloques regionales que permitan tomar en cuenta sus argumentos.

Estas corrientes que con ideas anarquistas, ambientalistas y divisionistas, a las cuales tributa Segato, pretenden arrogarse la representación las mujeres, no pueden reconocer el abismo de diferencias entre un gobierno que, aún sin erradicar prácticas machistas dentro de su seno, convirtió a Indias y Cholas en protagonistas de una nueva Bolivia. Con Evo, las mujeres ocuparon casi la mitad de cargos en el gobierno. Hace pocos años era impensado ver a una mujer con sombrero y pollera en el parlamento. ¿No es acaso una política feminista y un cambio radical en la posición de las mujeres en la sociedad? ¿No es una política feminista el acceso a la salud, al control de los embarazos, la reducción de la mortalidad materna, el acceso al trabajo asalariado?

La propuesta de una “salida feminista” en abstracto, no solo es ciega a la diferencia entre un gobierno popular que logró grandes cambios en la vida de las mujeres, sino que además pareciera no entender que los procesos de liberación nacional están poblados de contradicciones en el seno mismo del pueblo. No reconocerlas nos lleva a una vía sin salida, a planteos absurdos, a posiciones tan utópicas como dañinas.

La falta de comprensión sobre la importancia de resolver la Cuestión Nacional en nuestros países semicoloniales como plataforma para cambiar las condiciones materiales de las mujeres del pueblo, coloca a Rita Segato y a este tipo de pensamiento en el mismo lugar en el que quedaron las feministas sufragistas ante aluvión peronista del 45: apoyando la Unión Democrática y muy lejos del pueblo.

Laura Gastaldi (Córdoba); Débora Fraire (Río Cuarto); Miryam Pereyra Bufarini ( Río Cuarto); Mónica Ferrero (Córdoba); Leonor Argañaraz ( Córdoba); María del Carmen Argañaraz (Córdoba); Lorena Vazquez ( Bs As); Gabriela Llaser ( Bs As) ; Liliana Rondina ( Bs As) ; Marcela Neves ( Bs As) ; Valeria Sirica ( Bs As) ; Graciela Cabrera Ravazzoni ( Bs As); Laura del Punta (Córdoba); Patricia Biasoni ( Bs As); Valeria Beltran ( Córdoba); Mónica Bisio ( Córdoba); Eve Rodriguez ( Córdoba); Marisa Moyano; Anabel Jara Carena ( Mendoza); Teresa Ionardi ( Córdoba); Andrea Brusa ( Córdoba); María Marta Bocco ( Córdoba); Graciela Pedraza (Córdoba); Malicha Saumell ( Córdoba); Andrea Alberti ( Bs As); Yamila Cortéz ( San Guillermo) y siguen las firmas….

15 comentarios en “Rita Segato y un feminismo lejos del pueblo”

  1. Siempre l@s extremistas nos llevan al fracaso de la causa. Y es lo que pienso de Rita, a quien le sirve éste feminismo, a las mujeres, a la política o a ella.
    Estoy en total desacuerdo con Rita Sagato.

  2. El elitismo hace que cualquier lucha colectiva termine pedaleando en el aire. Muy bueno el ejemplo de las feministas descolocadas frente al peronismo.

  3. Muy buen análisis, lo comparto totalmente, y menciona una cuestión Central, que es la «Cuestión Nacional», que todavía muchos sectores de Izquierda en nuestro País, no comprende. O sea, no entienden al Peronismo.
    Luego sobre el Feminismo totalmente de acuerdo

  4. Totalmente de acuerdo con el documento. Le agregaría que en la postura de Segato y quenes la apoyan, hay un marcado sustrato racista. Lo cual tampoco hace ningún favora a la lucha por resolver las contradicciones principales.

  5. Creo que el deseo yoico de «vedettismo intelectual» de la señora Rita Segato, la ubicó donde -me parece- siemprecquiso estar: del lado de los opresores. Es como si lo hubiera cuestionado a Peron, en plena «Fusiladora». Además no me siento representada por ninguna feminista de derecha. Porque si critica a la víctima , cuando le apuntan a la cabeza, cuando matan a mansalva a su pueblo, SE UBICA AL LADO DE LOS Y LAS MACHISTAS ASESINES

  6. Las contradicciomes son posiciones inamovibles.
    Las contarias son posiciones consensuables.
    El feminismo es una posición contraria.
    Por contrario, La Soberanía Nacional es una CONTRADICCION. Que no admite ninguna variedad. Por eso es, asimismo Principal. Todas las demás contradicciones y las posiciones contrarias, como el feminismo, son secundarias y dependientes de la Soberanía Nacional.

  7. Acuerdo plenamente. Hay en su postura una incomprensión del contexto regional, una indistinción entre lo urgente y mayoritario y lo importante y sectorial.

  8. Un aporte encauzador y correcto que ilumina la relación indisoluble entre la liberación de las mujeres y la lucha general de los pueblos de que forman parte.

  9. Resolver la CUESTIÓN NACIONAL, entre otras cosas, fomentando la integración de la gran Nación Latinoamericana para poder darle solución definitiva a todas las problemáticas de la sociedad en su conjunto. Estados capitalistas neo liberales, declarantes de derechos de las mujeres, que niegan un Ministerio que atienda esa complejidad, que no se esfuerce por equiparar el salario de la mujer al del hombre por iguales tareas, que no contemple leyes específicas a su condición de mujer, que no legalice cuestiones que impidan que caigan por afuera del sistema poniendo en peligro sus vidas, que no otorgue participación de la mujer en todos los ámbitos de la vida, es sólo eso…un estado declarativo de doble discurso que dice algo pero actúa contrariamente…países periféricos como los nuestros deberán antes que nada resolver como bien lo observó Liborio justo, el tema del imperialismo asociado a las oligarquías vernáculas,,,sin ello, toda otra lucha es irrealizable. Laura analiza lúcidamente esta cuestión, un artículo indispensable para ayudar a pensar.

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