El brigadier juan Bautista Bustos no era «cordobesista»/Aurelio Argañaraz

Ante la mención maliciosa del gobernador cordobés Juan Schiaretti al libro del cro. Denis Conles, escritor y militante de la Izquierda Nacional fallecido en el 2003, Aurelio Argañaraz reivindica la obra de Conles y rescata la figura de Juan Bautista Bustos de manos tramposas. El Brigadier Bustos no era un localista estrecho, sino un patriota, como Alejandro Heredia, Facundo Quiroga, Juan Felipe Ibarra, Estanislao López y Pancho Ramirez, que buscaban caminos para la Patria Grande. Eran latinoamericanos, no caudillos de un terruño chico. El análisis histórico del gobernador es tan deficiente como su gestión.

Los taparrabos históricos del gobernador Schiaretti

Cada vez que el país logra darse un gobierno nacional y popular, Schiaretti exalta las bondades de que la provincia “defienda su autonomía”. Si gobierna Macri, en cambio –omitamos recordar sus vínculos con Menem y el inefable Cavallo– no duda en respaldar la entrega del país al bloque oligárquico y los centros financieros del poder global. Consecuentemente, sea como sea, gobierna en beneficio de esas fuerzas, siempre. La Bolsa de Comercio, la Fundación Mediterránea y la Sociedad Rural tienen en cada ocasión, en él, un intérprete de sus deseos, cuando deben lidiar contra el pueblo argentino.

Semejante política, para ser viable en una gestión que se declara peronista, necesita neutralizar otras presiones posibles. De allí las concesiones, últimamente muy acotadas, al movimiento obrero, al que le fue cedido, durante largos años, la cartera de Trabajo, algunos lugares en el gabinete provincial, un par de cargos en la legislatura unicameral. De allí también cierta asistencia a los movimientos sociales, las precarias viviendas construidas para erradicar una población villera antes ubicada en terrenos que se valorizaron con el desarrollo urbano y eran apetecidos por la especulación inmobiliaria. De allí, para llegar a nuestro asunto, la necesidad de apelar a taparrabos históricos, que muestren, en ese ámbito menos crematístico, una filiación imposible de sostener en el campo de los negocios, verdadero objeto de interés y parteaguas para quienes conforman el stablishment cordobés, dispuesto a tolerar que llenar la bolsa exige “sacrificar” ciertas adscripciones simbólicas.

Para ser breves: si la valuación fiscal de las propiedades agrarias se mantiene atrasada y gracias a ese favor los señores de la soja pagan una miseria ¿no cabe permitir que alguna autopista lleve el nombre de Agustín Tosco o Atilio López? Paris, dice el refrán, bien vale una misa…

Pero, en algunos casos, como éste que nos ocupa, Schiaretti pretende pasarse de listo. En La Voz del Interior del 20.09.2020 –admitimos que el hecho motiva nuestra respuesta– tiene la desvergüenza de citar al compañero y amigo de la Izquierda Nacional, Denis Conles Tizado, para sostener una imagen del Brigadier Bustos que se acomoda al perfil de su rancio “cordobesismo”. Y, ya que Denis falleció en el año 2003, antes de soportar que se revuelva en la tumba, salimos en la defensa de una trayectoria clara en defensa de las ideas de nuestra corriente, que abarcan, es obvio, lo que ha dado en llamarse el revisionismo histórico de la Izquierda Nacional, que incluye las figuras de Jorge Abelardo Ramos, de Jorge Enea Spilimbergo, en el orden nacional y de Alfredo Terzaga, Roberto Ferrero y el propio Conles, en la provincia de Córdoba.

El párrafo del que se vale el contador Schiaretti para distorsionar la visión del compañero Denis es una referencia, en cierto modo marginal, de su obra sobre Bustos. Dice lo siguiente: “En momentos en que las pasiones políticas, la intolerancia ideológica, los intereses inconciliables sumen al país en luchas de extrema crueldad, Juan Bautista Bustos impone en Córdoba un estilo democrático, popular, tolerante, honesto, pacífico, gobernando con todos los partidos y factores de poder”[1]. En el marco de la defensa del Brigadier cordobés, el sentido del párrafo es salir al cruce de la distorsión realizada por la escuela mitrista, que lo pretende sectario, violento y bárbaro. Pero está muy lejos de presentar a Bustos como una suerte de Mahama Ghandi; o mejor dicho, de la imagen del hindú difundida en Occidente por los charlatanes que pretenden soslayar el dato de que la “no violencia” estuvo al servicio de la lucha tenaz por la independencia de la India. Y, en el caso de nuestro prócer, por la tarea de unir a las fracciones de Córdoba detrás de un objetivo para el cual la “autonomía” provincial, que en boca de Schiaretti es un fin en sí mismo, era un instrumento contra la tiranía unitaria –oligárquica, mitrista, precursora del bando que representa Macri– y el modo de obtener una base territorial desde la cual promover una política nacional, por sus contenidos y alcances, que ni siquiera se limitaba a organizar al país, que el Brigadier sentía su “patria chica”, sino que hacía suya la voluntad bolivariana de la unidad continental. Como puede verse, estamos muy lejos de la mentalidad aldeana, mezquina y neoliberal –rivadaviana, mitrista– del gobernador de Córdoba.

Esta opinión, que fue la de Conles, es también la de Roberto Ferrero, que caracteriza a Rivadavia como “estrechamente localista”, en contraposición a Bustos[2]. Éste, mal que el pese al ventajero Schiaretti, no era “cordobesista”, tal como lo prueban sus simpatías hacia Bolívar; clara expresión de una visión para la cual, emulando a Monteagudo, la patria era “la extensión de América” ¡Cuánta distancia entre esta mirada y la mera consideración de las relaciones con el Brasil como una oportunidad para “los buenos negocios” de nuestras automotrices de capital extranjero! ¡Éste es el límite del “latinoamericanismo” cordobesista! El aporte histórico de Denis Conles coincide, asimismo, con el trabajo pionero de Alfredo Terzaga, el exponente mayor, sin duda, del revisionismo histórico socialista en Córdoba. Medió, entre ambos, una estrecha amistad y colaboración intelectual, reflejada en el hecho de que Denis tuviera a cargo completar el segundo tomo de la Historia de Roca; trunca por el fallecimiento de Terzaga, en el fatídico año de 1974.

Dice Terzaga, luego de trazar el cuadro de situación posterior al levantamiento de Arequito, punto de partida del gobierno de Bustos, en 1820: “Lejos de atrincherarse en ese aislamiento –que el país sólo conocería cuando la Federación se convirtiera en ´santa´– el general Bustos concibió una política de gran alcance, proseguida empeñosamente en toda la década de 1820 a 1830, y que miraba el destino de su provincia en estrecha conexión con la cuestión americana y con la organización constitucional de las regiones dentro del sistema federal. Puesto en esa tarea, logró sustraer a Córdoba de las turbulencias del año XX; darle una constitución progresista y una buena administración; mediar en el conflicto entre el Litoral y Buenos Aires; convocar al Congreso Nacional de 1821, saboteado por Rivadavia; mantener contacto permanente con las demás provincias, con O’Higgins y San Martín, y más tarde con Bolívar; organizar la resistencia y el repudio provinciano contra la constitución unitaria de 1826, y proponer, en 1827, un proyecto de bases para un nuevo congreso nacional a reunirse en Santa Fe”[3].

¿Hace falta ofrecer más pruebas de que el General Bustos hizo de Córdoba una plataforma desde la cual llevar una lucha constante y abnegada por constituir la Nación, sin renunciar a la perspectiva de unidad continental? ¿Si no fuese con estas miras, qué sentido tenía mantener relaciones con las más grandes figuras de la emancipación americana, que hemos mencionado? Sólo para no fatigar al lector omitimos referirnos al proyecto de Bustos sobre la Federación de Puertos, que expone Terzaga en el trabajo que citamos, para concluir que dicho proyecto –cuya esencia es crear un sistema rentístico de carácter nacional, en contraposición al Puerto Único pretendido por los porteños– es “la más palmaria refutación a la futura leyenda sobre el egoísmo localista”. Es así: el único localista, interesado en traer a Juan Bautista Bustos en su auxilio, tramposamente, es Schiaretti, que tiene la sinceridad de señalar la participación de nuestro primer gobernador en la lucha contra las Invasiones Inglesas como lucha a favor “de Buenos Aires”, como si no se tratase de la defensa del país. Es comprensible: si atendemos a su posición ideológica actual y al sistema de intereses a cuyo servicio actúa el actual gobernador de Córdoba, es más fácil imaginarlo brindando una bienvenida al General Beresford que incorporándose como Bustos a un cuerpo de Arribeños, para resistir la invasión.

Por esas razones, no podemos aceptar en silencio que el honrado y consecuente escritor, militante y difusor de nuestras ideas, compañero Denis Conles Tizado sea mal citado y se mancille su memoria, tomando maliciosamente una frase aislada de su reivindicación de Bustos con el objetivo perverso de usar como taparrabos al federalismo provinciano del siglo XIX, que fue nacional, popular, democrático y revolucionario.

[1] La Voz del Interior, 20.09.2020, Nota editorial, Juan Schiaretti, “El legado democrático y dialoguista de Bustos tiene plena vigencia”.

[2] Roberto Ferrero, Figuras y cuestiones de la Córdoba Latinoamericana, pág. 25. Ediciones Córdoba en América Latina, 1998

[3] Alfredo Terzaga, Claves de la Historia de Córdoba, pág. 107, Ed. Universidad Nacional de Río Cuarto, 1996.

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