El Gobierno resiste el embate de los mercados/Facundo Piai

Cuando la pandemia dejó en evidencia la imposibilidad de que las soluciones provengan desde los mercados libres, no pocos se apresuraron a señalar que la fecha de defunción del capitalismo en su fase más liberal y anti Estado está sentenciada por ser éste parte del problema. Sin embargo, nada cae “por su propio peso”; ni un sistema social de producción deja de existir tan solo por acumulación de yerros o por no resolver satisfactoriamente ninguno de los interrogantes que su doctrina pretendía responder. Por el contrario, todo cambio de las estructuras densas del funcionamiento social y de la economía es el resultado de una batalla política. Asistimos a ese conflicto. En los problemas que aquejan actualmente a nuestra economía se expresa “lo viejo” que persiste por no morir y “lo nuevo” que no termina por nacer

Tras los enfrentamientos tácitos por el dominio global durante la Guerra Fría, el fracaso del socialismo real significó el triunfo de su antítesis, los Estados Unidos, quienes se erigieron como fuerza dominante. Con este triunfo se impone la visión del mundo del dogma liberal, abriéndose una nueva dialéctica. De este modo, la centralidad de la disputa comunismo/capitalismo, tras la crisis del régimen soviético, es reemplazada por una visión del capitalismo desregulado, cuya antítesis ya no es otro sistema económico. Por el contrario la desregulación de las fuerzas productivas y de los mercados se presenta como único capitalismo válido. Así, al predominar la idea de que toda manifestación del Estado desvirtúa la esencia de la libertad, hasta Lord  Keynes es sospechado de marxista leninista. 

Paradójicamente, la desregulación y la globalización, pilares sobre los que la potencia norteamericana pretendía erigir su imperio, terminaron siendo el talón de Aquiles del predominio norteamericano. De este modo, mientras que la desregulación debilita la hegemonía global yanqui (en cuanto Estado nación) y el poderío de la burguesía industrial de bandera norteamericana, por otro lado, la globalización construye los rieles para el triunfo del poder trasnacional, las cadenas globales de valor y del mundo bursátil autorregulado. Dándose de este modo un orden económico dominado por la renta bursátil y los sectores rentísticos que degluten el anhelo de Donald Trump de: “Make America Great Again”.

El capitalismo chino dejó atrás el desplome y consolida su liderazgo

Las dificultades de los norteamericanos para resolver los problemas que plantea la pandemia evidencian las falencias de la organización de su economía y ponen en duda su predominio global. Mientras que el desempleo del país que preside Donald Trump pasó de 3,5% a 14,7%, en cuestión de meses y su PBI sufrió en el segundo trimestre del año una de las peores contracciones de su historia, el capitalismo de Estado chino ya dejó atrás el desplome y consolida su liderazgo mundial. La economía del país que preside Xi Jinping experimenta una rápida recuperación, tras la contracción del primer trimestre, el PBI aumentó 3,2% en el segundo trimestre del 2020, según información oficial. Asimismo, se estima que será una de las pocas economías que concluirá el año con crecimiento. 

Por otro lado, desatada la crisis sanitaria, las potencias europeas se alejan de las posturas más liberales y se manifiestan a favor de regulaciones en caso de que la crítica situación lo amerite. Inclusive, la Comisión Europea habilitó a los países miembros de la UE para salir al rescate de las empresas, suspendiendo la normativa que limitaba las ayudas públicas al sector privado. Inclusive, el parlamento europeo hasta posibilitó la nacionalización generalizada de empresas con problemas de solvencia en este contexto de crisis. 

Un revés en el “oasis” del liberalismo latinoamericano

El domingo pasado la sociedad chilena se manifestó en las urnas a favor de una reforma constitucional. Más de la mitad del padrón electoral participó del plebiscito, un porcentaje elevado teniendo en cuenta las participaciones en las elecciones presidenciales de hace tres años atrás y las condiciones adversas que impone la peste. Así la cosas, el 78% de los trasandinos puso en cuestión la constitución promulgada por la dictadura de Augusto Pinochet, mediante la cual se institucionalizan las bases de una sociedad liberal.

Desde hace aproximadamente un año, Chile es el epicentro de sucesivas protestas. El origen: el aumento del pasaje del metro, dicen. Sin embargo, el ciclo de protestas evidencia un hastío social intenso frente a una de las economías más desiguales de la región, en donde el decil más rico concentra el 66,5% de la riqueza, según uno de los últimos informes de La Comisión Económica de América Latina y el Caribe (Cepal). Dentro de ese estrato, sólo el 1% de los chilenos más ricos, poco más de 50 mil familias, detenta el 26% de la riqueza. En contraposición, poco más de la mitad de los hogares accede apenas al 2,1% de la riqueza neta del país. Otro factor tiene que ver con el bajo crecimiento del producto en los últimos años y una caída de la productividad del trabajo. Solo levantada en el 2018 con el arribo de extranjeros. Es decir, de la mano de inmigrantes dispuestos a trabajar más horas por menor paga.

La tensión cambiaria persigue una desestabilización política 

Pese a que la evidencia empírica tira por tierra los eslóganes sobre las mieles de la economía social de mercado, en el país se expresan con tesón. Como un animal herido se presta para un combate a todo o nada. Desde el campo de las ideas, diferentes expresiones liberales radicalizadas buscan adeptos mediante propagandistas variopintos. Por supuesto, para que su dogma permanezca inalterable frente a una realidad adversa, los apologetas se contentan con negar las contradicciones y se obstinan en afirmar que: si los gobiernos adoptasen un grado de desregulación total, nunca se darían las crisis. Así, la gestión de Cambiemos no se inscribiría en la corriente liberal porque no acabó con el Banco Central y los estamentos estatales que tienen por fin regular las principales variables de la economía. Del mismo modo, Sebastián Piñera es catalogado como un timorato de centro derecha, al igual que muchos gobiernos ajustadores de la región y del mundo.

Estas ideas son financiadas por diferentes ONG y fundaciones solventadas con fondos provenientes de la renta financiera para defender sus intereses. El economista argentino radicado en Estados Unidos Alejandro Chafuen es uno de los lobbystas más importantes en el arte de relacionar al libremercado con la democracia y la preservación de los derechos individuales, asumiendo que la desregulación de la economía es una condición sine qua non para la plenitud democrática. En un ensayo titulado El Coraje de la Libertad: Cómo Vencer al Populismo en América, reconoce que la globalización y los avances técnicos ofrecen diferentes “válvulas de escape”, mediante las cuales “podemos mover dinero dentro y fuera de un país con gran rapidez, podemos llevarnos nuestro capital humano en nuestra mente y en nuestras computadoras a distintos horizontes”. 

Pues la tensión cambiaria que azota la economía obedece, en gran parte, a maniobras especulativas que buscan doblegar a la débil coalición gobernante. Ocurre que la competitividad del tipo de cambio actual, así como el superávit comercial, el de cuenta corriente y los controles cambiarios, no se corresponden con la expectativa devaluatoria sembrada por parte del establishment. Por tanto, lo que esta tensión evidencia es que el valor de las principales variables de la economía es resultado de la solvencia política del gobierno (o de su inconsistencia). 

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