La economía argentina, round tras round/Facundo Piai

Análisis del año económico. Las huellas de la pandemia en un cuerpo raquítico tras cuatro años de fracasos. Los desafíos 2021 que debe afrontar el Gobierno para cortar la caída libre de la economía de los últimos años.

Cuando un boxeador besa la lona, de lograr superar el conteo del referí, salir victorioso de la contienda es una verdadera proeza. Para lograrlo tiene la difícil faena de revertir su performance; cosa que se logra noqueando al rival o superándolo incuestionablemente en los distintos pasajes del pleito para cambiar la imagen ante los jueces. Aunque, en la mayoría de los casos, el solo hecho de terminar la lucha de pie ya puede considerarse una gesta para quien anduvo por el piso a causa de  una contusión severa. Si juzgamos a la economía considerando a los doce meses del año como rounds, el resultado es bastante obvio: la economía perdió el pleito, sin lugar a dudas.

Mis tarjetas dicen que los dos primeros pasajes fueron rounds de estudio; sobre la campana de marzo hubo una caída, la primera; el golpe asestado por la pandemia hizo estragos en una estructura económica debilitada y se sintió también con rigor en el cuarto asalto, el más fatídico de todos, en donde hubo desplomes críticos. Lo que restó fueron pasajes opacos en donde no hubo caídas, con leve recuperación del ritmo que no llegaron a revertir la tónica cosechada en los meses anteriores. El balance hecho gráfico nos arroja una imagen de V (no de victoria, precisamente); es decir, la actividad comienza a caer en marzo y toca fondo en abril. Entonces, siendo el cuarto mes del año el de mayor desplome, en los pasajes consecutivos se recupera parte de la contracción del período marzo-abril, en el análisis desestacionalizado. 

De lo anterior se desprende que se evitó una caída en forma de W, es decir: un desplome con rebote leve atravesado nuevamente por una caída del nivel de actividad. También se sorteó en el 2020 una curva de recuperación en forma de U, con una caída seguida de meses de estancamiento antes del período de recomposición de la actividad. No obstante, por las tempranas medidas de aislamiento aplicadas por el Gobierno y por la recesión arrastrada del macrismo (con un retroceso de la actividad de 6,7% durante la gestión Cambiemos en relación con 2015), la actividad económica de Argentina terminará el año como una de las más contraídas de la región. Para tener un panorama más exacto de la caída y la recuperación aún hay que esperar para analizar la performance de los años venideros.

Leve reanimación en el último trimestre

Las últimas estadísticas publicadas por Indec dan cuenta de que la actividad económica en el mes de octubre presentó una expansión de 1,9% en relación con septiembre, y se espera que en los meses restantes (noviembre y diciembre) se consolide la tendencia de leve reanimación. Desde ya que la recuperación intermensual que se advierte desde mayo (el quinto round) responde a algunos aciertos del Gobierno que desde el rincón indican a la economía cómo moverse en el cuadrilátero. En ese sentido, el acuerdo con los acreedores logrado en agosto para reestructurar más de u$s66.300 millones de bonos emitidos bajo ley extranjera significó no sólo evitar caer en cesación de pagos, sino eludir una corrida sobre el dólar que terminara elevando su valor y obstruyera cualquier posibilidad de recuperación alguna. También es destacable que el acuerdo genera en la próxima década un alivio significativo en relación a los compromisos de deuda que había dejado la anterior gestión.

Asimismo, el equipo económico puede anotarse un punto, al salir airoso de las sucesivas intentonas devaluatorias que tensionaron la agenda económica durante este 2020, al achicar las brechas entre el valor oficial del dólar, el paralelo y sus cotizaciones bursátiles que generan expectativas de atraso cambiario. Recordemos que para evitar que el peso termine por depreciarse aún más y esmerile el poder adquisitivo de los ingresos, desde el Gobierno aumentan la emisión de deuda en el mercado local. Así cubren el déficit fiscal sin emisión monetaria, mientras que por otro lado pretenden capturar la mayor cantidad de pesos posibles para descomprimir la demanda de dólares. Ecuación que podría resumirse del siguiente modo: menos emisión de pesos, más emisión de deuda (letras, bonos). Ergo, si la economía no termina por despegar, habrá problemas a futuro.

De lo anterior se desprende que el crecimiento económico se presenta como principal prioridad para el 2021. En ese sentido, se espera un efecto rebote luego de una recesión de más de 10 puntos porcentuales; el Presupuesto para el próximo año pone el acento en recuperar 5 puntos de actividad y generar los equilibrios macroeconómicos para el despegue definitivo, luego de años fatídicos. Los sucesivos derrumbes económicos despojaron a la Argentina de exhibir el PBI per cápita más elevado de la región, de hecho en el último medio siglo (salvo en el interregno 2003-2010, cuando la economía nacional llevó la delantera en la región), nuestro país fue de los que menos crecieron, según los organismos multilaterales.

El arreglo con el FMI y la inflación, otros de los desafíos centrales

Por tanto, el Gobierno tiene el desafío de establecer una negociación sustentable con el FMI; posibilitar el aumento del poder adquisitivo del salario; revertir la fuga de capitales; incentivar la inversión productiva; acrecentar las exportaciones de la mano de un aumento del valor agregado de las ventas al exterior e incrementar la disponibilidad de divisas, principalmente. Tareas imposibles de lograr sin antes definir un modelo de desarrollo que potencie al aparato productivo y defina las prioridades. A todo esto, la evidencia empírica muestra que de no revertir la suba de precios, se dificulta cumplir los objetivos. 

En ese sentido, si bien este año terminará con una inflación elevada en torno a los 33 puntos, significa una baja sustancial en comparación con el 53% de subas del año pasado. En los últimos cuatro años los precios acumularon 300 por ciento de aumentos, que significan un promedio de 40 puntos de inflación anual en cada uno de los años de la gestión de la alianza Pro-UCR. Actualmente el precio de los alimentos experimenta un recalentamiento, consecuencia de la suba de los commodities agropecuarios. El Gobierno que conduce Alberto Fernández tendrá también el desafío de usufructuar el alza de los principales cereales y oleaginosas y, al mismo tiempo, evitar que estos se trasladen a la mesa de los argentinos.

Quizás el nudo gordiano que se le presentará al Gobierno pasa por reducir sostenidamente la inflación sin que ello signifique un ajuste sobre los ingresos que termine debilitando al mercado interno. Ni que, por otro lado, se use al tipo de cambio como ancla antiinflacionaria, que termine por desalentar las exportaciones. 

Para que no haya “muñeco a la lona”

Retomando la metáfora del boxeo, la economía actual está lejos de ser Carlitos Monzón, ni Alberto Fernández es Amílcar Brusa. Más bien, nuestra economía tiene un paralelismo con la actualidad del pugilista “Maravilla” Martínez, quien conoció las alturas del éxito (hace ya tiempo) y ahora, tras derrotas y un largo período de inactividad, vuelve al redil. Sus primeros intentos fueron positivos, mostrando relativa recuperación y entregando parte de lo que supo ser; pero la debilidad de sus rivales no termina por despejar las dudas respecto a su futuro. Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿con lo hecho alcanza para recuperar los pasos perdidos? ¿Se está acondicionando la estructura para que los próximos años sean de bonanza, y no haya “muñeco a la lona”?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *