El 7 de marzo: una movilización que “recién empieza”/Iniciativa Política

2373047h765La gigantesca marcha del 7 de marzo, precedida por la movilización de los gremios docentes del día anterior, puede ser ignorada por la tapa de un diario (La Voz del Interior – Clarín), pero no por eso dejará de ser una demostración inocultable de la voluntad de los trabajadores y el pueblo argentino de responder a una política que destruye el trabajo y la producción nacional. La mentira del “diálogo” no daba más: un encuentro tras otro, sin conceder nada, con el único fin de desarmar a la víctima y estafarla mejor. Sin movilización masiva no habrá negociación; sólo promesas nunca cumplidas. Las marchas masivas y el paro general son el único argumento que la soberbia de los CEOs puede atender. Y al mismo tiempo, son el camino para reagrupar a los argentinos, en tanto y en cuanto el despliegue en las calles se sostenga en la formulación de las demandas políticas que le dan origen.

El gobierno quiere confundir política con partidismo, con el fin de aturdir a la opinión pública. Según su criterio, en los años electorales toda huelga estaría bajo sospecha. Se trata, una vez más, de un ardid para incautos: los docentes, para librarse de la sospecha de “intencionalidad electoral” y de “dañar a los niños”, deben aceptar que les bajen el sueldo con un aumento muy inferior a la inflación. Una trampa, acompañada del sadismo de declamar que merecen ganar mucho más (pero no se puede, ya que los ricachones tienen prioridad). Con esa salvedad, sin razones para “avergonzarnos”, es claro que la movilización del 7 de marzo (y el paro general que la CGT convocará, según creemos) trascienden lo reivindicativo, para adquirir el carácter de medidas “políticas” (la exigencia de frenar la importación destructiva del trabajo argentino y el cierre de nuestras empresas no es una “demanda gremial”). En ese sentido, asumiendo el problema, el movimiento obrero ha logrado esbozar un “programa mínimo”, que defiende al trabajo y a la industria nacional contra los efectos nefastos de una política neoliberal respecto a la cual tiene el país cierta memoria. No otra es la razón por la cual adhirieron a esta marcha doce cámaras empresariales, dando a la convocatoria un perfil embrionario de frente nacional.

Desde INICIATIVA POLITICA hemos señalado desde el inicio que por su naturaleza de clase el actual gobierno es oligárquico-imperialista. Su política general, consecuentemente, no puede ser vista como un capricho, por antinacional y antipopular que sea. Es su “razón de ser”, está en sus genes, como en la fábula del escorpión. Ese es el marco dentro del cual nos toca actuar, con actitud patriótica e inteligencia táctica. Enfrentamos un año en el cual (para consolidar el avance de los núcleos del poder económico concentrado) el gobierno de los CEOs profundiza su lucha por reducir el salario, con una inflexibilidad que no exhibieron el año anterior, quizás porque estaban tanteando el terreno. Es un hecho curioso, en un año electoral, pero no debe crear extrañeza, ya que su propia política achicará los márgenes para “hacer concesiones”, por la lógica de sus acciones (la destrucción paulatina del sistema previsional afectará, temprano o tarde, el haber de los jubilados), sin contar con el hecho de que la desocupación creciente va a dificultar la eficacia sindical. El movimiento obrero vive un momento de grandes desafíos, en la batalla por preservar la capacidad de consumo de los trabajadores y el pueblo, reduciendo (¡al menos!) el daño que nos provoca esta gestión. Es preciso advertir, además, que sufrimos una cierta orfandad política, dado el estado del movimiento nacional, la fragmentación y confusión generadas por la derrota de fines del 2015. Mencionamos esa cuestión, pero el tema excede los límites de la nota: remitimos a los lectores a otros textos de nuestra página. Nos limitamos a decir, por honestidad política, que esta realidad explica en lo fundamental los “incidentes” que empañaron la gran movilización. Hechos que constituyen, lo digan o lo nieguen los medios de prensa, un hecho menor –aunque muy lamentable– dentro del marco de una contundente demostración de la soledad creciente de un gobierno signado por su sensibilidad unilateral a las demandas de los ricos (el Impuesto al cheque conmueve más a los CEOs que el incremento de la desocupación y la angustia de los de abajo).

Llamamos la atención, eso sí, sobre una circunstancia: somos protagonistas de una lucha que vive sus primeros momentos. “Esto recién empieza”, declara un manifestante, en medio de la multitud. “Somos personas que queremos trabajar y no podemos. Por eso esto va a seguir”. Va a seguir, sin duda. La rigidez (de clase) del poder macrista, su disposición a saquear sin piedad al país, a cualquier precio (después de mí el diluvio, es la consigna de una banda de salteadores que no pretende “construir un país”, sino vaciarlo) no podrá ser derrotada sino con lucha, pese a nuestra vocación por unir a la patria. Lamentablemente, ellos están en la vereda opuesta. No quieren enriquecerse con el pueblo argentino, sino aplastándolo.

No lo lograrán.

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