Reforma laboral, el secreto mejor guardado/Facundo Piai

El oficialismo ya trabaja borradores que después de octubre llevará al Congreso para abrir el debate. Los rumbos que el Gobierno pretendería tomar en estas materias y los riesgos que ellos implican para el trabajador y el sector pyme.

Ilustración tomada de La Nueva Mañana.
Gentileza de La Nueva Mañana.

Desde hace algunos meses se conoce que el Gobierno nacional implementará una reforma impositiva y laboral. Altos funcionarios dejaron trascender que le darán curso al proyecto luego de las elecciones de octubre. En efecto, se desconoce en minucia el contenido de dichas reformas pero en función de la interpretación de la economía y los intereses a los cuales responden los funcionarios del Gobierno de Cambiemos, se puede suponer con robusto sustento hacia dónde apuntarán estas medidas.

La nota titulada “La reforma laboral hará eje en la baja de aportes y la conflictividad”, publicada en el diario La Nación, revela que “el Gobierno retocará la ley 26.940 (promoción del trabajo registrado) y el decreto 814/01 (contribuciones patronales) con la intención de promover una baja de contribuciones”. Es presumible que vayan en esa dirección, como también es natural que un gobierno conformado por CEOs de trasnacionales propenda a la flexibilización del trabajo. En el relato del Gobierno, estas políticas se justifican en tanto serían el único camino hacia el crecimiento económico, la generación de empleo y, en última instancia, la promesa de campaña de llegar a tener “pobreza cero”.

Lo que no queda claro es de qué modo una reducción de la contribución patronal incidiría positivamente, de manera lineal, en la inversión y, por ende, en la empleabilidad, tal como lo plantean los funcionarios de Cambiemos. Ninguna política tiene efectos neutros, en primera instancia, de reducirse la contribución patronal hay cajas que percibirán menos recursos. Por caso una reducción en la contribución patronal a la jubilación de los trabajadores generaría inestabilidad en Anses; del mismo modo, una reducción en la categoría de subsidio familiar afectaría a las asignaciones familiares que percibe el empleado; también, reducir el porcentaje destinado al sistema de salud desfinanciaría a las obras sociales sindicales, dejando a los trabajadores a merced de las prepagas.

El abogado laboralista Lucio Garzón Maceda sostiene que la eliminación de las contribuciones, tal como sucedió en Brasil con la excusa de bajar los costos salariales, busca esmerilar el poder político del campo sindical al repercutir en “la afiliación, la capacidad financiera y de movilización”.

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¿Mayor productividad del trabajo o mayor rentabilidad empresaria?

A menudo suelen utilizarse como sinónimos o son confundidos con una clara intencionalidad. Pero rentabilidad y productividad no son estrictamente una misma cosa. Suele decirse que el trabajo argentino no es productivo puesto que los salarios son elevados. Si por productividad se entiende la relación entre los recursos utilizados y la cantidad de mercancías obtenidas, la afirmación anterior no es del todo correcta. Puesto que el rendimiento del trabajo, en cuanto su capacidad de producir bienes, no se incrementaría por una disminución del costo de la fuerza laboral. En ese caso lo que sí se incrementaría es la ganancia empresaria, pero no necesariamente ello significa mayor producción de mercancías en menor tiempo.

Esta aclaración es pertinente ya que la historia reciente nos dice que siempre que hubo políticas de flexibilización laboral en nuestro país se utilizó como justificativo la búsqueda de mayor rendimiento del trabajo. Y los resultados estuvieron lejos de esos objetivos buscados, supuestamente. Por caso, si tomamos el período 1993-1999 la producción industrial creció muy poco, por debajo de siete puntos, pese a la batería de políticas flexibilizadoras del modelo Cavallo-menemista. Por otro lado, si relacionamos manufacturas de origen industrial con la economía toda, vemos que la participación de la industria en el PBI cayó, pasó de representar el 18,2% en 1993 a descender a 16,6% en 1999. Si comparamos al PBI de la industria por la cantidad de habitantes existentes en 1999, vemos que es casi un 2% inferior al de 1993 (según el informe de Flacso titulado: La Industria Argentina Durante los Años Noventa: Profundización y Consolidación de los Rasgos Centrales de la Dinámica Sectorial Post-sustitutiva).

Para la productividad del trabajo es más preciso abaratar el financiamiento para la adquisición de maquinarias que permitan producir más en menos tiempo que bajar el costo laboral. Inclusive, el poder adquisitivo del salario es el elemento esencial para la consolidación del mercado interno, y este es el principal aliado del sector pyme. Sin mercado interno no hay posibilidad de que una pequeña empresa de capitales privados locales se establezca y compita.

De este modo, es distinta la situación de las pocas industrias de capitales locales que logran ser competitivas en el mercado global y de las trasnacionales que producen desde nuestro país para el mundo, este grupo reducido de industriales ve en el salario un peso extra que debe ser reducido a su mínima expresión, puesto que el grueso de sus ganancias proviene del comercio internacional. A diferencia de este sector, las pymes representan el 66% del empleo y el 99% de los establecimientos, de acuerdo al último Censo Nacional Económico. De modo tal que sería suicida establecer una reforma en perjuicio de este sector y en beneficio de los grandes industriales (aquellos que se potenciaron cuando el Estado decidió hacerse cargo de la deuda privada).

El carro adelante del caballo

El equipo económico presenta las metas fiscales, Sebastian Galiani, el ministro Dujovne y Rodrigo Pena.
El equipo económico presenta las metas fiscales. Sebastian Galiani, el ministro Dujovne y Rodrigo Pena.

Sebastián Galiani, viceministro de Hacienda, ocupa un rol clave en las reformas que se avecinan. Al igual que todo el equipo económico de la Alianza Cambiemos, este técnico sostiene, en una entrevista concedida al blog Foco Económico, que “el consumo nunca es la base del crecimiento. Es al revés. Es el aumento de la riqueza lo que nos permite vivir mejor y, por tanto, aumentar el consumo”. Por ello las políticas implementadas por el Gobierno nacional tienden a favorecer la concentración de la ganancia esperando que las mismas se direccionen hacia la producción. Nada más lejos de la realidad. Cuando la experiencia empírica dicta que la misma es fugada hacia paraísos fiscales opacos de nula tributación o direccionada hacia la especulación financiera. Actividad que otorga grandes rentas con nulo esfuerzo.

En contraposición, nadie en su sano juicio invierte para no vender, y es el mercado interno el factor que ofrece una malla de contención para que los productores no den un salto al vacío sin red. Solo desde una posición ideológica dogmática, desprovista de lógica y divorciada de un análisis de la conducta de nuestro empresariado, se puede sostener que el dinero que se ahorra el empresariado con la reducción de las cargas patronales irá, indefectiblemente, hacia la reinversión. En un escenario como el actual, donde la bicicleta financiera ha vuelto a rodar, es más lógico pensar que el dinero se direccionará hacia la especulación para luego ser fugado.

En el nuevo libro del economista y doctor en historia Eduardo Basualdo, “Endeudar y Fugar”, concluye que con las políticas del macrismo el patrón de acumulación vuelve a ser la especulación financiera, posibilitada por una valorización interna del capital mediante las elevadas tasas de interés de las Lebac que otorgan retornos sustanciosos, en detrimento de la economía real. Entonces, una reforma laboral e impositiva, en este estado de situación no hace otra cosa que transformar a un industrial en un cuasi rentista. Ya que en lugar de utilizar el dinero producto de su actividad, las exenciones impositivas y el abaratamiento del factor trabajo, para reinvertirlo en maquinarias y contratar más trabajadores (como haría un buen burgués), lo emplea para especular y fugar. Actitud sintomática de nuestro empresariado en contextos de valorización financiera a lo largo de nuestra historia.

Eduardo Basualdo alerta sobre la precipitada toma de deuda y el incremento de la especulación financiera.
Eduardo Basualdo alerta sobre la precipitada toma de deuda y el incremento de la especulación financiera.

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