A cincuenta años del Cordobazo, la desindustrialización como respuesta /Facundo Piai

Imagen icónica del Cordobazo con tres militantes del PSINAl hablar del Cordobazo, no reparar en el líder sindical de Luz y Fuerza se torna imposible. La figura de Agustín Tosco es indisoluble a aquella sublevación popular. Lo mismo podemos decir de Elpidio Torres, quien el 29 de mayo de 1969 era el secretario general de SMATA Córdoba. “Sin Torres no hubiera habido Cordobazo; él sacó a los mecánicos a la calle”, aclara el abogado laboralista Lucio Garzón Maceda cada vez que es consultado por aquel levantamiento obrero. Más allá de la participación activa de diferentes actores sociales y diversos sindicatos, los trabajadores de la energía y los mecánicos son una postal de aquella Córdoba industrial e insurrecta de fines de los sesenta.

El sector energético y la industria automotriz explicaban una parte importante de la estructura económica de la provincia, en donde ambas actividades tenían una vinculación intrínseca. Durante los años en que gobernó Amadeo Sabattini se implementaron en Córdoba algunas políticas públicas que propiciaron el desarrollo fabril, como la reducción de la tarifa eléctrica para la industria, se fortalecen las instituciones del Estado provincial para mediar entre los conflictos entre el capital y el trabajo, se intensifica la actividad del gobierno en procura de la sanción y cumplimiento de leyes obreras, centralizan la asistencia social, por mencionar algunas medidas. En efecto, hubo una expansión de la demanda, cierto crecimiento industrial y comienza un proceso de urbanización de la población cordobesa que adquiere vigor durante el peronismo, de la mano del modelo de industrialización por sustitución de importaciones.

El modelo de desarrollo industrial autocentrado que se aplica en el país a partir de 1946 encontró en Córdoba condiciones auspiciosas para su ejecución, por la existencia de la Fábrica Militar de Aviones y un tejido fabril en estado embrionario. La creación de IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado) que diversifica la producción de la industria militar, utilizando su capacidad instalada y experiencia, significó un cambio de importancia en la economía provincial. Tal es así que en poco tiempo Córdoba se transformó en la segunda ciudad del mundo en producir mayor cantidad de motocicletas. Sólo en la ciudad de Milán se fabricaban más motos que en Córdoba, “las calles de la ciudad hervían con las “Pumas” construidas en las fábricas de IAME”, señalan los historiadores Mónica Gordillo y James Brennan en el libro Córdoba rebelde: el Cordobazo, el clasismo y la movilización social.

kaiserLa localización en la provincia de la empresa mixta IKA (Industrias Kaiser Argentina), producto de la fusión de la automotriz estadounidense Kaiser con la estatal IAME, da consistencia a un complejo automotor vigoroso que producía vehículos pesados y diferentes modelos de autos. El boom automotor hizo que la Capital de la provincia mediterránea llevase el mote de “la Detroit argentina”, tal es así que en los sesenta las industrias mecánicas explicaban el 83% del valor total de la producción industrial de una ciudad que ofrecía educación técnica, trabajo abundante y salarios elevados. El crecimiento del complejo automotriz “había creado la mayor concentración de trabajadores industriales del país”, luego de Buenos Aires, señala la investigadora del Conicet Mónica Gordillo.

De aquella Córdoba industrial hasta hoy, ha corrido mucha agua bajo el puente. El proceso de desindustrialización y de disciplinamiento de los sindicatos que ejecutó la última dictadura, más las tendencias liberales en boga que permearon a las diferentes gestiones nacionales y provinciales, como la desregulación comercial, liberalización financiera y de mercado de cambios, dejaron sus huellas en la estructura económica actual, mercado laboral, como así también en las fuerzas políticas. Según el doctor e investigador Daniel Schteingart “Argentina es el país que más se desindustrializó en el último cuarto del siglo XX”. En efecto, es de esperar que este proceso repercuta en los PBI de las diferentes provincias, afectando la estructura económica, naturalmente.

Para que tengamos una referencia, en el año 1974 el sector terciario representaba aproximadamente el 49% del Pbi Geográfico, el sector secundario el 32 por ciento y 18% la actividad primaria, según relevamientos del Consejo Federal de Inversiones. La investigación del mismo organismo da cuenta que, en una década, la estructura económica de la provincia se primarizó fuertemente; puesto que en el año 1984 la actividad primaria llegó a representar 27% del PBI de la provincia, la actividad terciaria se mantuvo prácticamente igual que en el comienzo de la serie, mientras que la producción de bienes (sector secundario) explicaba el 25 por ciento del total. La participación de la actividad industrial había disminuido casi ocho puntos en la serie analizada, mientras que la actividad primaria había incrementado su participación en el PBI geográfico en casi diez puntos.

A juzgar por la información publicada por la Dirección General de Estadística y Censo de la provincia, las transformaciones en la estructura productiva y ocupacional, consecuencia del modelo implementado por la dictadura en 1976, persisten en la economía cordobesa, pese a la vuelta de la democracia y del reciente período neodesarrollista que se vivió a nivel nacional (2003-2015). Los datos oficiales dan cuenta de un incremento de tres puntos de la actividad agropecuaria y ganadera en el producto geográfico bruto de Córdoba (a precios básicos) si comparamos el año 2004 con el 2017. Del mismo modo, percibimos una disminución en igual proporción al comparar la participación de la actividad industrial en el PBI del 2004 con la performance de la industria en el PBIdel 2017.

Una investigación sobre la estructura económica de la provincia de la fundación Otra Córdoba concluye que si bien la actividad agropecuaria adquirió preponderancia en los balances de la economía de los últimos años, es poco significativa en la generación de empleo. En el 2015 menos del 5,3% de los cordobeses ocupados estaban relacionados con esta actividad rentista. Tampoco sería relevante el empleo que generan de manera indirecta mediante demandas intersectoriales. De acuerdo al informe, el sector público y las PyMEs (de baja tecnología) son los que emplean a más de la mitad de los trabajadores de Córdoba, según relevamientos del año 2015.

Frente a las transformaciones que sufrió la economía local a raíz del cambio de un modelo de desarrollo industrial con administración del comercio exterior por otro basado en la especulación financiera, y la indefensión de los diferentes gobiernos provinciales merced a las fuerzas del mercado ¿no es hora de que la provincia implemente regímenes de promoción sectorial y consensos estratégicos para el desarrollo de una estructura productiva de mayor complejidad tecnológica? ¿La destrucción del tejido fabril y la expulsión de mano de obra de la industria obedecen a una revancha clasista por su participación en la insurrección obrera del 29 de mayo de 1969?

La tasa de desocupación de la provincia, por encima de la media de los aglomerados del interior, y una pobreza del Gran Córdoba que supera la media nacional, no evidencia acaso el agotamiento de una economía basada en la expansión de aquellas actividades con ventajas comparativas gracias a las bondades del suelo y en servicios de baja complejidad mediante diferentes beneficios impositivos.

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